El alcohol previene la caída del pelo…según las últimas investigaciones.

NOTICIAS-ALCOHOL-PREVIENE-CAIDA-PELO¿Manipula la industria productora de bebidas con alcohol a los consumidores mediante “estudios” y supuestas investigaciones científicas sobre las cualidades del producto que comercializan?

Somos animales gregarios; vivimos en una sociedad compleja en la que se reparten las responsabilidades. Necesitamos creer que las figuras de autoridad a las que delegamos el poder de decisión son personas de confianza que miran siempre por el bien común,  y no por sus propios intereses. No es saludable vivir anclado en la desconfianza y el temor crónico a ser estafado. Por desgracia es la necesidad de tener fe en la honradez del que “sabe” o del que “decide” lo que permite el abuso, la estafa y la mentira.

Existe una batalla entre la ciencia desinteresada aliada a la política del bien común y las empresas y grupos de presión política, ideológica y económica, dispuestos a todo para defender sus intereses, aun a costa de que perjudiquen a la mayoría de los consumidores.

El documental norteamericano “Mercaderes de la duda” nos refleja una buena muestra de ello: durante la década de los 70 y 80 la industria del tabaco americana ve peligrar sus intereses a causa del aluvión de evidencias científicas y médicas que relacionan el hecho de fumar con innumerables enfermedades, perjuicios y la muerte del consumidor de cigarrillos. Así que idean una estrategia de defensa consistente en  contratar a agencias de publicidad, marketing y relaciones públicas, con el objetivo de contrarrestar el discurso médico y científico que les pueda perjudicar y mantener la controversia durante todo el tiempo posible. Estas empresas de marketing eran y son las mismas que tienen como clientes a la industria del petróleo, de los pesticidas, de la comida basura, a organizaciones que niegan el cambio climático y a la industria del alcohol. Y es de la mano de estos especialistas de la que aparecen los “expertos” y ciertas organizaciones y fundaciones con “científicos autorizados”; “sabios” financiados y adoctrinados que consiguen devaluar, e incluso ridiculizar, el discurso de honestos pero aburridísimos científicos con nula capacidad oratoria y glamour televisivo. Estos “reputados expertos” decían en 1980 que no había evidencias científicas de que el tabaco provocase cáncer. Y sostenían en 1994 que no estaba demostrado que la nicotina fuese adictiva. La industria del tabaco tenía desde 1950 documentos internos que admitían todas las evidencias médicas que en público negaban. Y gracias a estas empresas de marketing, “autoridades científicas” y complicidad política consiguieron seguir vendiendo tabaco sin ningún tipo de responsabilidad durante 50 años más.

“El Comidista” publicaba en noviembre del 2015 en El País un interesante artículo titulado: “Ni la cerveza cura ni el vino adelgaza”, en el que expone muy claramente cómo la industria del vino y la cerveza en España usa este tipo de estrategias para consolidar sus ventas, a pesar de las numerosas evidencias sobre las consecuencias negativas que supone su ingesta en la salud de los consumidores. El periodista gastronómico relaciona a determinadas organizaciones y “científicos” que alaban las virtudes del alcohol con los intereses de la industria española del vino y de la cerveza, relación de amistad que genera afirmaciones como: “La cerveza, ideal para re-hidratarse tras hacer deporte”, “Tomar cerveza de forma moderada es bueno para la diabetes”, “La cerveza aumenta la fertilidad masculina”, “La cerveza protege tu cerebro”,  o “La cerveza, la bebida idónea para acompañar las comidas tras los excesos de Navidad”, siempre acompañadas de un oportuno “ Los últimos estudios demuestran…” o “ Una reciente investigación revela que…”.

El truco consiste en sostener argumentos sobre una afirmación difícilmente contrastable y con ciertas dosis de veracidad, agradables a oídas del consumidor, y hacerlos encajar en su tesis, obviando todas las demás evidencias que, claro está, no interesan a la industria que en realidad representan.

Una autoridad en el ámbito de las drogodependencias, el  Doctor Antoni Gual Solé, ilustra en esta entrevista el peso que tiene la industria cervecera y del vino en España, y el uso que este grupo de presión hace de la publicidad para conseguir aumentar sus ventas sobre todo entre el público más joven. Antoni afirma que «Con el alcohol, en una situación de libre mercado, los intereses económicos priman sobre los intereses de la salud» y «La industria gasta alrededor de un millón de euros al día en España para promocionar el alcohol».

Todos tenemos derecho a decidir qué productos consumimos y cuáles no. Pero no debería ser tan fácil engañar a las personas, a costa de su salud, para obtener beneficios económicos. Los individuos que desde su autoridad defienden el consumo de una droga como el alcohol sin prevenir de sus riesgos están actuando de manera tendenciosa e irresponsable. Y se escudan en el tiempo y en la necesidad de las personas de creerles. Hoy en día nadie cuestiona que inyectarse heroína es perjudicial para la salud. Sería muy poco rentable para estos científicos sostener lo contrario, pues las consecuencias del uso de la heroína son palpables y evidentes a corto plazo. Pero el alcohol es diferente. Es una droga que actúa más lentamente, con un silencio clínico mucho más largo, amparada por la cultura, la costumbre, la publicidad y el lobby de la cerveza y el vino. En ese contexto es mucho más fácil defender cualquier argumento  y salir impune, pues las consecuencias de su consumo son más difíciles de cuantificar, relacionar y concretar en ese mismo instante. Y en el caso de sentirse acorralados siempre recurren a la responsabilidad individual de cada consumidor.  Exactamente la misma estrategia que en su día elaboraron la industria del tabaco o la de los pesticidas. Llegará un día en que las consecuencias perjudiciales del consumo del alcohol serán irrebatibles, y probablemente la industria será sancionada por el uso que hacen de la publicidad y el marketing. Y todos los “investigadores y científicos” que defendieron su consumo serán vistos como personajes exóticos y desvergonzados propios de un pasado menos civilizado. Por desgracia su “autoridad” ya estará retirada hace tiempo y difícilmente se le podrán exigir responsabilidades.

No debería ser tan sencillo generar “controversia” con el único propósito de confundir al consumidor y mantener las previsiones de venta de una empresa. No puede ser que no se advierta en todos los casos de los riesgos de consumir determinados productos, capaces de generar graves consecuencias sobre nuestra salud. Y, desde la información, que cada persona decida qué comprar. Porque si una empresa necesita encubrir y disfrazar las características reales del producto que comercializa, probablemente se deba a que si dijesen la verdad no lo compraría nadie.

 

imagen:fotos: http://blogs.20minutos.es/