Consumo de cocaína: ¿De qué se ríe Monedero?

NOTICIAS-DE-QUE-SE-RIE-MONEDEROEl pasado jueves 26 de noviembre, El Periódico de Catalunya publicaba la siguiente noticia: Monedero insinúa que Albert Rivera consume cocaína, junto a un enlace de youtube en el que observamos al miembro de Podemos, Juan Carlos Monedero, burlarse e insinuar, mediante gestos y palabra, que su oponente político y candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, debe su “sobreexcitación” y talante activo al consumo de cocaína.

Este episodio tuvo lugar en el marco de una tertulia organizada por la publicación satírica Mongolia, en un contexto de humor, ironía y desenfado. Y Albert Rivera dice al respecto que esto sucede cuando una propuesta política carece de argumentos políticos rigurosos y que demandará a su rival. Y Monedero enseguida expresó sus tibias disculpas aunque condicionadas a que Albert se disculpara por afrentas pasadas. Y como si se tratase de un truco de prestidigitación con naipes, al final encima de la mesa solo queda la carta que el mago quiere. Usar en la misma frase un nombre personal propio seguido la palabra “cocaína” siempre tiene los efectos deseados. Esa asociación, una vez instalada en la percepción colectiva del votante, es difícil de deshacer. El truco ha resultado y nadie ha visto nada. Solo queda el asombro ante la visión de una única carta sobre el tapete.

Pero volvamos al lugar de la tertulia desenfadada y satírica. Tres tertulianos hablan ante un público al que no vemos pero sí escuchamos gracias a Youtube. Y ese público se ríe ante la insinuación sobre los hábitos tóxicos de Rivera. ¿De qué se están riendo exactamente? Que un aspirante a presidente del gobierno de España se drogue, ¿es divertido? Que una persona consuma cocaína, ¿es gracioso? ¿En qué momento pasa a considerarse de un  hábito socialmente asumible a un motivo de burla?

Pongamos que en el evento organizado por Magnolia asistieron cincuenta personas. Si atendemos a la última encuesta sobre alcohol y drogas en España, de la Delegación del gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, podríamos extraer la siguiente hipótesis teórica: De los 50 asistentes al acto, podría ser que 39 sean consumidores habituales de alcohol, 5 quizás consuman cannabis a menudo, 6 personas abusarían de los fármacos legales hipnosedantes como  tranxilium, trankimazin o alprazolam, y más o menos 2 personas consumirían habitualmente cocaína. Entonces, si un porcentaje tan elevado de personas consume drogas, incluido el alcohol, y eso se enmarca dentro de lo que socialmente se percibe como asumible y viable, ¿por qué se ríe la gente de determinadas personas también consumidoras?

Se ríen porque “se les nota”. Se ríen del borracho del pueblo, de la vecina que está siempre en el bar, del toxicómano que balbucea mientras vende clínex en el metro. Y son motivo de risa porque han perdido algo que la comunidad valora para una buena convivencia: el control. Un ciudadano puede consumir drogas, pero no se le debe notar demasiado, solo en determinados contextos, ya que de lo contrario se entenderá que esa persona ha perdido el control y eso es rechazable, motivo de escarnio.

Albert Rivera, contrariado, comunicó que Monedero, ante su falta de argumentos políticos necesita atacar el honor de sus adversarios. Así que Rivera asocia el consumo o no consumo de drogas con el honor o con la pérdida del mismo. Entonces, una persona que consume pero que “controla” y no se le nota ¿es “más honorable”?

Desde una perspectiva de drogodependencia, la cual es una enfermedad muy grave que fácilmente te puede matar o condenar  al ostracismo, es necesario rechazar este tipo de asociaciones. Se debe reivindicar y luchar por la dignidad de las personas que batallan por superar una enfermedad que no han escogido padecer. Un adicto no ha perdido la honorabilidad del mismo modo que un diabético no pierde su respetabilidad. La pérdida de “control” de un consumidor de drogas es el síntoma y la consecuencia de una patología y no una decisión consciente. Debería ser motivo de reflexión la frivolidad, la hipocresía y los parámetros desde los que se inician las risas del colectivo hacia determinados individuos. Y que ante los comentarios de Monedero en su satírica tertulia nos preguntemos, ¿de qué se está  riendo el público exactamente?

 

 

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