Encuentro Aupa´m en el máster de drogodependencia de la universidad de Barcelona.

Se busca “yonky” para trabajar

Hace unos días, tuve la suerte de conocer a Ramón, Josu, Sonia y Toni, los representantes de Aupa´m, plataforma auto gestionada que desde hace más de 20 años trabaja sin descanso para apoyar, visibilizar y sobretodo dignificar a personas que conviven con la problemática del consumo de sustancias adictivas, sobretodo en el entorno de Santa Coloma de Gramanet y Badalona.

Encuentro de Aupa´m en el  Máster de Drogodependencia de la Universitat de Barcelona.

El encuentro tiene lugar en el marco del programa académico del Máster de Drogodependencias de la Universitat de Barcelona, en el que psicólogos, educadores sociales, sociólogos, médicos y personas con experiencia profesional, adquieren conocimientos y formación relativos a este sector, el de las drogas en su mirada más general y amplia. Pero el encuentro con Ramón, Sonia, Josu y Toni fue un encuentro muy concreto y personal.

Nos sentamos todos en círculo, tarea complicada por la pequeñez de la sala y la magnitud de la audiencia, pero finalmente y con cierto empeño, conseguimos encajar en la estructura asamblearia que, como nos explica Toni justo antes de empezar, es la primera de sus Leyes Fundamentales: el Respeto. “Aquí no importa si eres un médico o eres una persona drogodependiente que vive en la calle y se chuta caballo” nos dice. “Aquí todos somos iguales y todos nos respetamos. Además te tienes que aguantar hasta que el compañero termine de hablar”. En este punto, todas las miradas recaen en Manu, cincuentón curtido y de inmensa sonrisa que, del todo inquieto nos confiesa que está muy alterado y que a él, ante todo, le cuesta mucho trabajo permanecer callado. Sus compañeros asienten, cómplices, otorgándole la razón de inmediato.

La vergüenza, el gran estigma a superar.

El estigma y quizá la vergüenza y puede que más vergüenza la de Nosotros que la de Ellos. ¿Por qué nos cuesta mirarles a la cara? ¿Es por sus cuerpos? ¿Quizá por sus rostros desgastados? ¿Nos dan miedo? ¿Nos han dicho que les debemos temer? ¿Nos hemos burlado de ellos? ¿Les hemos ignorado justo hasta este preciso instante? Estigma y vergüenza eran palabras que sobrevolaban el espacio como el humo del tabaco. Entre Ellos y Nosotros. Ellos y Nosotros. Para Ellos la vida siempre ha sido un Ellos y Nosotros. Por eso buscan espacios seguros en los que reunirse y “chutaderos” clandestinos e insalubres en los que no les atemoricen. Por eso hacen lo que sea necesario por un compañero que lo está pasando mal. Porqué saben que absolutamente nadie más hará absolutamente nada por ellos. Porqué ellos son Ellos y nosotros somos Nosotros. Y es por eso que crearon la Segunda Ley Fundamental de Aupa’m: Apoyo incondicional a los compañeros. ¿Qué necesita mi compañero? ¿En qué le puedo ayudar? Al final siempre es lo mismo: Tan solo el que lo está pasando muy mal entiende a aquel que lo está pasando desesperadamente mal.

Toni daba paso a uno y a otro y ellos, acostumbrados, narraban historias de supervivencia, casi de épica personal en la que unos jovenzuelos roqueros y descerebrados, rondando aquellos famosos años 80, descubrieron una cosa que nadie sabía muy bien que era y que se llamaba heroína, droga por la cual de repente los barrios obreros de medio país perdieron toda una generación de personas con toda la vida por delante, sea por la propia sustancia, por la delincuencia que conllevaba el consumo de la heroína, o por los estragos que causaron algunas enfermedades como el VIH o la Hepatitis C. Y los que nos hablaban ahora son los que se organizaron y se ayudaron mutuamente entonces. Veían morir a amigos, a familiares, veían que entraban y salían de la cárcel y que ellos estaban jugando la misma partida que sus compañeros ya fallecidos. Y se dieron cuenta que podían cambiar pequeñas cosas, mejorar la calidad de su vida, ganar dignidad como individuos y ante todo, pelear y mantenerse unidos para seguir vivos.

Ahora habló Sonia. Menuda, de cincuenta años, aunque parece que tenga más. Se queja de su espalda, castigada. Tiene el pelo largo y peinado, liso y brillante, muy bonito. Viste con una sudadera, pantalones deportivos y zapatillas. Su voz es ronca y profunda, muy penetrante. Cuando habla levanta la cabeza y sostiene la mirada, acostumbrada a lidiar con el toro que haga falta.

Ya de niña se inyectaba heroína, para fardar, para ser como las amigas ”guays” del barrio, y pronto se encontró sin familia, rodeada de ladrones, con una hija, con VIH, entrando y saliendo de la cárcel, con treinta años y completa y totalmente dependiente de la heroína. Y de ese modo sobrevivió, hasta que se puso en contacto con Aupa’m, y después de mucho tiempo y esfuerzo, se mantiene abstinente desde hace años y ayuda a sus compañeros todo lo que puede. Confiesa que tiene el cuerpo destrozado, pero que lleva una buena vida, organizada, su vida. Porque esta es quizá la última y más importante de las Leyes Fundamentales de la plataforma: “Trabajamos para caminar hacia la autonomía personal y ser libres”.

La libertad como concepto, cuando una persona ha sido drogodependiente durante toda su vida, adquiere un significado mucho más físico, literal y liberador que el que usamos, por ejemplo, para referirnos a cuando dejamos a nuestros hijos un fin de semana con los abuelos. Y cuando Sonia nos habla de sus logros nos habla con orgullo, levantando la cabeza sobre su menudo cuerpo y su espalda maltratada, sosteniendo la mirada el tiempo que sea necesario.

Suiza y el origen de Aupa´m

Un día Toni y sus camaradas vieron un reclamo publicitario en Suiza, país muy avanzado en la Reducción de daños en drogodependencias, que rezaba de la siguiente manera: “Se busca persona drogodependiente para trabajar”. “Nos quedamos flipando” dice Toni. Y empezaron a investigar. Se trataba de un programa con apoyo municipal en el que personas con un consumo activo de sustancias y en una situación social de riego trabajarían a cambio de un sueldo, porqué en Suiza ya entonces sabían que a aquellas personas, no era precisamente el no tener dinero ni para comer lo que les ayudaría a mejorar su calidad de vida, y mucho menos a intentar abandonar el consumo de heroína. Así que Toni pensó: “Somos consumidores en activo, unos marginados, muchos debemos delinquir para poder conseguir algo de dinero, cumplimos todos los requisitos!” Pero Toni añadió: “Y además tenemos derecho. Tenemos derecho a trabajar. Tenemos derecho a una vivienda. Tenemos derecho a la sanidad. Tenemos derecho a tener una buena calidad de vida y a luchar por conseguirla”.

Así que Toni y sus compañeros se fueron a ver a las instituciones pertinentes y después de un arduo trabajo, consiguieron lo que se proponían. Lo que se planteaba como una inalcanzable utopía, se transformaba en una sorprendente realidad: Habían conseguido que las instituciones municipales de una ciudad contratara, a cuadrillas de 15 trabajadores de usuarios de drogas en activo, para tareas de mantenimiento y jardinería, y según nos dicen, “tareas que realizamos mil veces mejor que los currantes del propio ayuntamiento”.

“Nadie daba un duro por nosotros” dice Toni, “Imagínate, 15 yonkys currando. Estos se van a pinchar a los cinco minutos y no van a mover ni un dedo”. Otra vez los prejuicios y el estigma. “Pero la verdad es que están encantados, y ahora ya trabajamos para otra ciudad de al lado”. ”Incluso vienen vecinos del barrio a felicitarnos y a darnos palmaditas en la espalda”.

Porque quizás, y solo quizás, con lo que no cuentan aquellos que bloquean iniciativas como esta basándose en su mirada prejuiciosa, es con el inmenso poder que tiene para las personas, adictas o no, el tener la oportunidad de volver a respetarse a sí mismas. Y como nos dice Toni “Los yonkys siempre serán yonkys si no se les da oportunidades”.

La empatía como camino

Ramón es el último en hablar. Está encantado. Dice que así nadie le va a cortar, pero con lo que no cuenta es con que ya es la hora de ir terminando y con más descaro que sutileza, le indican que sea breve y no se extienda en demasía. El pobre Ramón, con tono resignado, decide entonces enfocar su intervención en un único pero desde su punto de vista trascendental mensaje: “Solo os diré, vosotros que sois los futuros profesionales, que cuando os venga alguien con problemas, aunque os caiga mal, aunque no os guste, aunque no le entendáis, aunque os parezca un loco o una drogata total, no abandonéis a esa persona, no la dejéis tirada, no le ignoréis. Si no sabéis que hacer con ella llevadla a otro sitio pero no os la quitéis de encima. Si os llega “pasada” de coca decidle que venga otro día más tranquila, pero que venga. Pero sobre todo empatizad con ella. Empatizad con ella. Es lo más importante. Empatizad con ella y poneos en su piel. Porque la gente lo pasa muy mal. De verdad os lo digo. No sabéis hasta qué punto su vida está en vuestras manos, y si no empatizáis con ella esa persona está perdida. Es muy importante. Nada más. Gracias por escucharme.”

Todos aplaudimos. Todos nos aplaudimos y les dimos las gracias a los miembros de Aupa’m por haber venido y compartido sus experiencias con el resto de asistentes. Nos levantamos y conversamos, reímos e intercambiamos teléfonos. Reflexionamos. El espacio que había entre Ellos y Nosotros se ha disipado, ha desaparecido, se ha deshinchado como un globo. Ya nos lo decía Toni al inicio del día: “Nos sentamos en círculo sí o sí, porque aquí todos somos iguales, y todos nos respetamos, y esa es la Primera Ley”. Será que muchas veces lo complicado, lo realmente laborioso de conseguir, es establecer el marco de entendimiento y relación adecuado, el contexto. Pero una vez conseguida esa trascendental meta, podría ser que viniera lo sencillo, y es que las personas, sean quienes sean, vengan de donde vengan, piensen lo que piensen, y tengan la enfermedad que tengan, pudieran entenderse, sin más, simplemente escuchando con empatía cuál es la realidad del que tienen enfrente. Porque somos todos personas. Y está en la naturaleza misma de las personas el querer entendernos y ayudarnos, incluso saltando por encima de las barreras que nuestros propios prejuicios y tabúes han construido.

 

Jordi Brigos,
Director adjunto Instituto Hipócrates

 

 Nota: los nombres empleados en el relato no son reales, para preservar la identidad de las personas implicadas.

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