Datos curiosos sobre las adicciones

Te mostramos 10 datos curiosos sobre las adicciones

Sumario:
1 Datos curiosos sobre las adicciones que a lo mejor no sabes.
1.1 La adicción no es un hábito ni un vicio.
1.2 La adicción es un proceso que se cuece a fuego lento.
1.3 El adicto pierde la capacidad de sentir la vida.
1.4 La ausencia de dopamina produce la sensación de vacío.
1.5 El adicto sufre.
1.6 La mentira y la falta de compromiso es una consecuencia de la enfermedad.
1.7 El adicto no es capaz de reconocer su enfermedad hasta que no toca fondo.
1.8 No existe la dependencia a una sustancia en concreto.
1.9 Las personas que conviven con un adicto también sufren.
1.10 La recuperación de una adicción es un proceso largo, que va más allá de dejar de consumir.

 

Datos curiosos sobre las adicciones que a lo mejor no sabes:

Post escrito por Marta de la Cruz, responsable de Instituto Hipócrates Mallorca
 
En la era de la información puedes encontrar todo tipo de información acerca de las adicciones pero eso no implica que sean veraces. En Instituto Hipócrates Mallorca creemos que la información es poder y queremos dotarte de datos verídicos y reales que es posible que no sepas sobre la adicción.

La adicción no es un hábito ni un vicio.

Es una enfermedad de salud mental que tiene su origen en el funcionamiento de ciertas estructuras cerebrales. Casi todas las enfermedades mentales se producen porque hay un desequilibrio bioquímico en el cerebro. Ciertas hormonas y neurotransmisores son los responsables de que sintamos cosas.

De hecho, todas las emociones se sienten en el cuerpo, son sensaciones físicas que nuestro cerebro identifica como un sentir determinado, miedo, tristeza, alegría, amor… todo esto se produce gracias a nuestra bioquímica cerebral. Cuando se tiene una adicción, está bioquímica está descompensada y con ello todo el sentir de la persona que la sufre, por eso, los adictos se sienten deprimidos, ansiosos, irritados, apáticos, enfadados cuando no toman y eufóricos cuando toman (al menos al principio). Otros en cambio, dejan de sentir y se vuelven fríos e insensibles.
 
Pero, la adicción no solo afecta a la bioquímica, también a otras estructuras cerebrales responsables de tomar decisiones en base a consecuencias, estar atento, recordar las cosas, tener conciencia del tiempo, planificar, sopesar, anticipar… por eso, las personas que sufren una adicción pueden tener buenas ideas pero grandes dificultades para llevarlas a la práctica o cometer errores simples de planificación y organización.

La adicción es un proceso que se cuece a fuego lento.

La adicción es una enfermedad que se desarrolla lentamente. En este proceso de desarrollo hay etapas de control donde es posible la abstinencia o el consumo moderado.
 
Esto hace que a veces sea difícil diagnosticar la adicción de forma temprana. Una de las pistas que nos pueden dar a entender que una persona sufre una adicción es el coste de su consumo. Es decir, cuando el consumo le trae más mal que bien. Cuando deja de lado responsabilidades o le lleva a tomar malas decisiones. Cuando una persona sufre una dependencia, sus actitudes y decisiones suelen ser poco maduras o con falta de sentido común. El adicto suele sentir que la vida es complicada y su entorno de una manera u otra se ve afectado. Estas consecuencias negativas pueden llegar antes que la evidencia de un consumo descontrolado.

El adicto pierde la capacidad de sentir la vida.

La Dopamina, es el principal neurotransmisor implicado en una adicción. La dopamina forma parte de un complejo mecanismo de supervivencia, ya que provoca una sensación de satisfacción que nos ancla a la vida, haciéndonos sentir que la vida tiene sentido a pesar de las dificultades. Se produce cada vez que hacemos algo bueno para nuestra supervivencia como comer, tener relaciones sexuales y afectivas, así como hacer cosas gratificantes como escuchar música o ver una puesta de sol. Cuando se consume una sustancia psicoactiva se transmite de 3 a 10 veces más dopamina entre las neuronas lo que provoca el efecto “colocón” que resulta tan atractivo al principio. Todas las personas que consumen alcohol y otras drogas pueden sentir este efecto. No obstante, las personas que sufren una adicción dejan de sentir la dopamina y con ello la sensación de satisfacción y anclaje con la vida. Esto hace que las cosas normales que deberían dar satisfacción ya no llenan, no se sienten.  Pero esto no acaba aquí, no solo se deja de sentir la dopamina natural si no que además se sufre una tolerancia al consumo. Es decir, cada vez se ha de consumir más cantidad o con más frecuencia para sentir algún efecto.  La consecuencia es que el adicto pierde la capacidad de sentirse recompensado con situaciones normales y siempre busca el estímulo del psicoactivo para poder sentir algo hasta que finalmente se deja de sentir el colocón y solo se consume para estar mínimamente normal. Cuando llegamos a este punto, la enfermedad está muy avanzada.

La ausencia de dopamina produce la sensación de vacío.

 El vacío forma parte del sentir del adicto y se representa como una falta de sentido. Es claramente una sensación física, que cada persona interpreta de una manera diferente. Algunos lo sienten como pérdida de interés o motivación, otros como una sensación de aburrimiento o soledad o apatía. Por eso se dice que hay una abstinencia psicológica que se vive como “desmotivación”, “depresión”, “irritabilidad” e incluso ansiedad.

El adicto sufre.

No es una decisión voluntaria. De hecho, la falta de voluntad y la dificultad para controlar los impulsos es un síntoma de la dependencia. Cuando se consume más allá del propio deseo o de las responsabilidades como adulto podemos decir que se sufre una dependencia. La dificultad para tomar decisiones acertadas es otro síntoma de esta enfermedad.  Todo ello, hace que la persona que sufre una adicción se sienta fracasado, culpable, torpe y caótico y por lo tanto con muy baja autoestima.  Pero, en la mayoría de los casos, no es ese estado de derrota lo que podemos observan en un adicto, la mayoría de las veces, lo que vemos es una persona prepotente y victimista, que echa la culpa a los demás de su malestar y que se muestra orgullosa y poco receptiva a recibir ayuda. Este es el mecanismo de negación y autoengaño del que tiran la mayoría de los adictos para no ponerse en tratamiento.

La mentira y la falta de compromiso es una consecuencia de la enfermedad.

No tiene que ver con la personalidad. La adicción es la enfermedad del autoengaño, la justificación y la minimización. La persona que sufre una dependencia justifica su consumo en base a un relato que se ha contado.  Adapta la realidad a su necesidad de consumo y hace que este se vea como algo lógico. Cuando el consumo ya no puede ser justificado, empieza el encubrimiento, pero aún en esta etapa, la persona sigue autoengañando, dándose razones lógicas para su consumo y las acciones que lo acompañan y con ello minimizando las consecuencias.

 El adicto no es capaz de reconocer su enfermedad hasta que no toca fondo.

Al principio el consumo pasa desapercibido ya que se enmarca en situaciones sociales y aceptadas. Pero cuando la dependencia ya está instaurada la persona necesita consumir más y con mayor frecuencia ya que se empiezan a sentir un malestar emocional o físico que desaparece con el consumo. Es por ello, que el adicto empieza a justificar consumos fuera de lo socialmente aceptado amparándose en su malestar. Se puede referir a ansiedad o angustia, apatía, tristeza, soledad, aburrimiento, falta de motivación… y todo ello puede estar vinculado a historias personales reales… pero al final todas estas emociones se mantienen durante más tiempo del esperado, sin que la persona llegue a superar los eventos de su vida. Esta dificultad para superar las crisis y mantener el malestar, son la evidencia de que hay una dependencia, pero la persona que sufre una adicción aún no lo sabe.  Por otra parte, es cierto que ciertas patologías llevan al abuso de sustancias, pero cuando se cruza un malestar emocional sostenido y un aumento del consumo de alcohol u otras drogas hay que descartar que no haya una adicción como principal factor de consumo.

No existe la dependencia a una sustancia en concreto.

 Las personas que son adictas, son dependientes de cualquier psicoactivo. Es cierto que todo adicto tiene una “droga estrella” pero es potencialmente dependiente de cualquier sustancia psicoactiva o incluso a comportamientos adictivos que influyen en la producción de dopamina, como el sexo, el deporte, el riesgo o el trabajo intenso.  Por eso, es importante que el consumo de una droga no se sustituya con otras sustancias psicoactivas o se tape con conductas extremas.

Las personas que conviven con un adicto también sufren.

El entorno cercano de un adicto acaba adaptándose al sentir emocional de un adicto y priorizando el propio bienestar. Esto genera una dependencia que se conoce como co-adicción. Si convives con un adicto, hay algo que debes saber, cuando intentas ayudarle, tapando sus fracasos, cubriendo sus errores, apoyándose en su malestar, estás sosteniendo la enfermedad y alargando el sufrimiento.
 
Recuerda, la persona que tiene adicción ha de sentir que ha tocado fondo para ponerse en tratamiento. Por eso, debes permitir que llegue a su límite de malestar, para que desee salir de ahí. Has de forzar que la única ayuda que pida sea la de ponerse en recuperación. Este proceso es muy duro y por eso, tú también necesitarás apoyo y orientación. No dudes, en acudir tú primero a un especialista. En Instituto hipócrates contamos con los mejores expertos no sólo para tratar a la persona con adiciones sino también a sus familiares y personas más allegadas.

La recuperación de una adicción es un proceso largo, que va más allá de dejar de consumir. 

Es un proceso en el que la bioquímica ha de regularse y recuperar el buen funcionamiento del sistema dopaminérgico. Este es un proceso que empieza a los 3 meses de abstinencia total y se desarrolla hasta el año o año y medio sin consumos.

Por otra parte, se ha de recuperar la funcionalidad de algunas áreas cerebrales que como dijimos son responsables de la organización, planificación y desempeño, para esto se necesita entrenamiento y cambios de hábitos.

Por último, la persona ha de hacer un cambio en su estilo de vida, aprender un nuevo relato, cambiar actitudes e incluso ciertas creencias o formas de pensar que hasta ahora habían sustentado y justificado el consumo. Si has de ponerte en tratamiento, no tengas prisa. Las recuperaciones rápidas basadas en la desintoxicación llevan a la recaída y con el tiempo la persona pierde capacidad para recuperarse. Es mejor hacerlo una vez y hacerlo bien. Si lo haces correctamente podrás ser feliz y echarás de menos el consumo.

Si crees que tu mismo o alguna persona de tu entorno puede sufrir una adicción, no esperes. El diagnóstico precoz ahorra mucho sufrimiento a la persona que lo sufre y a todo su entorno. En Instituto Hipócrates Mallorca sabemos que la adicción no mejora con el tiempo ni con la voluntad de la persona que lo sufre, no vale con esperar un tiempo mejor, actuar rápido puede salvar muchas consecuencias fatales que acompañan a esta enfermedad.

 

 

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