caminando sobre un puente

Mi recuperación, un camino que merece la pena recorrer

Soy una persona adicta

¡Hola!

Soy A. Tengo 45 años y me presento porque seré quien escriba periódicamente las entradas de este Blog.

Soy una persona adicta. Estoy en el quinto año de mi recuperación. Un camino que no termina nunca. Pero que, cada vez, se hace más cómodo y transitable. Y que merece mucho la pena recorrer.

Ingresé en Instituto Hipócrates el 28 de noviembre de 2014. Hay fechas en la vida de uno que no se olvidan, que se graban a fuego por el enorme valor y el significado personal que encierran.

Digo “ingresé” en Instituto Hipócrates aunque, en realidad, debería decir “me ingresaron”. Se ajusta más a la verdad. La adicción es la única enfermedad cuya recuperación depende en exclusiva del paciente y en la que el enfermo, al menos en primera instancia, declina hacer tratamiento.

Por eso, en las terapias, oyes repetidamente –¡y es verdad!- que es la enfermedad del autoengaño.

La adicción

Patrick Ríos, terapeuta de esta casa, suele decir que los síntomas principales de la adicción –aparte de las ganas de consumir- son la negación (no tengo ningún problema); la justificación (tengo sobrados motivos para consumir) y la minimización (no es para tanto).

La adicción no es un vicio ni una mala costumbre. Es una enfermedad con mayúsculas así catalogada por la Organización Mundial de la Salud. Es una dolencia que ocasiona graves perjuicios al cerebro y al organismo, al cuerpo y a la mente.

Es una enfermedad crónica (porque siempre habrá que cuidarse de consumir); degenerativa (porque nunca mejora, siempre la bola se hace mayor) y mortal (el final lógico de quien no se recupera).

El camino de la recuperación

La OMS añade que es una enfermedad con tendencia a la recaída. Excepto –apostilla siempre Patrick Ríos- si la persona adicta se trata en Instituto Hipócrates, en cuyo caso no hay recaída que valga y la recuperación es un hecho.

Yo lo puedo atestiguar. Formo parte de ese 80% de pacientes que se ha tratado con éxito en Instituto Hipócrates.

Sé que el camino de la recuperación no termina nunca. Un síntoma inequívoco de estar bien y haber hecho el tratamiento es ser consciente de tu condición y vivir en consecuencia.

Cuando uno tiene esa conciencia; cuando acepta, de buen grado, que es adicto y que lo será siempre, se siente de verdad libre.

Uno se dice a sí mismo qué bien ser adicto y qué bien haberlo pasado rematadamente mal y haber ingresado a tiempo porque ahora, cinco años después, esas vivencias y la experiencia de la recuperación te hacen una persona íntegra, capaz, solvente.

Logras la paz que no has tenido nunca. Y vives desde la serenidad, la legalidad y la responsabilidad. Y descubres por fin quién eres. ¡Casi nada!

Soy A. Tengo 45 años y soy una persona adicta.

A mucha honra.

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